Voy a hacer una defensa de la economía nacional, de su por qué, y no voy a obviar datos históricos porque eso sería pretender que existen conocimientos independientes de toda experiencia fáctica, tampoco voy a obviar la historia porque muchos procesos exitosos positivos terminaron en fracaso no por una causa intrínseca, sino externa a sí misma, el mejor de los ejemplos: el modelo peronista, cuyo desgaste y caída no fue más que un plan urdido por las potencias extranjeras que no podían permitirse una competencia en el mismo continente sobre el que tenían que dominar, cuando ya tenían un imperialismo competente en la URSS.
“Liberalismo contra dirigismo”
Este es un debate cuyos argumentos por parte de los supuestos “liberales” siempre me ha causado risa. Pero ninguno ha admitido lo más obvio de todo: la economía moderna siempre es dirigida; por el Estado o por los grupos económicos. Pero claro, los cipayos como vos pretenden convertir este dilema de dirección nacional o extranjera de la economía, en una falsa opción entre dirigismo y libre empresa. No es así. Siempre hay dirigismo, nacional o extranjero y de quién aplique ese dirigismo, lo nacional o lo extranjero, surge la condición de libre o colonial de un país. En lugar de discutir lo fundamental, es decir, si construimos una economía nacional o una economía de dependencia, se da por supuesto que aquella no existe o es inconveniente, se discute dando por sentado que lo único posible es la economía dependiente. Y el debate se convierte en una discusión para ver cual de los dos contradictores es más útil a la economía dependiente en la cuela están de acuerdo los dos. El dirigismo tiene el sentido que le da el que dirige ya que siempre hay dirigimos, lo tuyo no es más que una falacia que seguro vos mismo te la tragas y que, además, la cubrís con un falso velo de altruismo por la “libre empresa” y por la neutralidad en cuanto a que sos “anti” cualquier nacionalismo, pero al mismo tiempo defendés la supuesta pluralidad de las empresas norteamericanas. Y esta hipocresía merece ser castigada, antes de que termines por arruinar el país. Porque en este país aún quedan hombres, luego del genocidio de los ’70, que luchan por la dignidad de su Patria, que, por si no lo entendiste nunca, es su gente y los sacrificios que ellos hicieron para construir, o tratar de construir, un país donde puedan habitar sus hijos y sus descendientes. Porque a ellos les debemos nuestra presencia, buena o mala, y porque a nuestros descendientes les debemos una patria mejor, es el deber de la juventud “hacer la suya”, como decía la gloriosa JUANA AZURDUY. Y vos, que sos un viejo caduco, un dinosaurio, deberías retirarte, así como mueren las viejas estructuras que sólo intentar conservar la jerarquización social mediante la protección de la “propiedad privada de los bienes de producción”, porque nadie, al hablar de propiedad privada, habla de “muebles”, objetos banales, sino de aquellos que hacen al mantenimiento de la sociedad, y que, por definición, deben estar en manos de todos y no de una elite de propietarios. Y volviendo a lo anterior: sólo se llama dirigismo, para conveniencia “teórico-moral” de los falsos liberales, cuando dirige el Estado. Y se llama libertad económica, también para conveniencia de los falsos liberales, cuando dirigen los grupos monopolistas particulares, que en los países coloniales o semicoloniales no son muy particulares, porque, a su vez, están dirigidos por la política del imperio dominante (USA, INGLATERRA… según como quede acomodado el período de pos-guerra). Vos mismo, TILINGO DE CUARTA, sos una inversión del Estado a larga distancia, pero, lógicamente, a vos te toca decidir, después, si sos útil o no. Cual era la gran ambición de Perón!?: llegar a los cien (100) millones de habitantes para el año 2000, por qué? Porque, como dijo otro gran hombre de la Patria, es decir de la historia de este glorioso país: GOBERNAR ES POBLAR. El despoblamiento de la Patagonia Argentina no es más que un plan para la destrucción de la Soberanía Nacional, porque donde no hay gente no se sabe lo que sucede, nadie se queja de que se estén apropiando de los recursos naturales mediante la compra, a precios irrisorios, del suelo de la Patria, junto con todos los recursos que ella posee. Y los precios no son irrisorios porque lo sean de por sí, sino porque cipayos como Kirchner (y como vos), que es un violinista (y esto hace referencia a la frase que dice: el poder es como el violín: se toma con la izquierda, pero se toca con la derecha) realiza las políticas favorables a la clase conservadora, que a su vez es de derechas, sólo por el hecho de que la derecha defiende, por mera altanería, la propiedad privada. Porque el conservadurismo argentino sólo quiere mantener su status-quo, y se aprovecha de esa falsa consigna que a los “liberales”, que sólo son liberales de nombre y en las coyunturas, les sirve como careta “moral”, porque, claro, meter la palabra libertad en cualquier lado siempre es buena propaganda para representar una opción positiva “moralmente” o “éticamente”. Puras charlatanerías, como vos. Porque sino, qué respuesta tendría esta pregunta: ¿por qué no se respetó la propiedad privada de los indios norteamericanos o de los negros afro-americanos? Y no me refiero a sus “pertenencias”, porque pocas tenían, sino a sus cuerpos, porque son los cuerpos también propiedad privada y, seguramente, la más valiosa que posee un ser humano. Me refiero a la utilización de la mano de obra esclava para crear el capital necesario para un posterior y potente desarrollo económico. Porque nadie les puede quitar el mérito, a los anglos, de que hicieron bien el trabajo de producción, pero no los “fines” aquí no excusan. Pues si son tan puritanos, qué dirían con respecto a esto teniendo en cuenta lo que clama la Biblia: si Dios bajase a la tierra encontraría mucha intención, pero poca fe en lo que se está haciendo, y no se trata de la fe en el dinero, aunque sea objetable que en el Norte reinaba un paradigma meramente “monetario”, sino de la fe en la realización humana del hombre a nivel espiritual. ¿Puede la materia suplantar el desarrollo espiritual?, lo dudo, porque materia y espíritu son dos cosas contrapuestas. En fin, si se negaban tanto al ocio, no hubieran puesto a trabajar, por ellos, a esclavos de todas las calañas, y si se negaban tanto al ocio hubieran hecho el trabajo por ellos mismo, y como si tan sagrado texto manda: obtendrás el pan del sudor de tu propia frente… y yo agregaría: y no de la frente de un negro esclavo. Y ahora vemos cual fue el verdadero parasitismo en América: el parasitismo que carcomió la carne de millones de hombres inocentes, que eran “inferiores” sólo por vivir de una manera distinta, porque no existe un verdadero punto de vista para decir qué es “superior” y en qué sentido. Quizás, como decía Marx, al meterse en la pudicia del mundo burgués, no estemos más que metiéndonos en la inmundicia de su mundo de banalidades. ¿El hombre merece más mérito por desintegrar un átomo o un prejuicio? Esto mismo se pregunto Albert Einstein, y también se preguntó a sí mismo por qué no se había hecho relojero, luego de ver para qué se utilizó su conocimiento. Merece el hombre más reconocimiento por desintegrar el cuerpo de cientos de miles de personas en apenas unos segundos que por lo que significaría la costosa tarea de terminar con las diferencias sociales de cientos de millones de personas en todo el mundo. Los recursos para cumplir con estos dos objetivos están al alcance de la mano, están disponibles, es el Hombre el que tiene que decidir, pero, por lo visto, hay algunos que están más ocupados en armarse hasta los dientes para seguir manteniendo esas diferencias sociales en todo el mundo, y por eso se convierten en los propietarios “exclusivos” y con derechos que ellos mismos se han otorgado, con el consentimiento de ellos mismos, de las armas más poderosas del mundo, y hasta se han dado, ellos mismos, el derecho y el poder de decidir quien puede y quien no puede tener el derecho de hacerse con ese mismo tipo de recursos bélicos. El monopolio del poder, de la violencia y de la muerte, nunca mejor totalizado. Volviendo a la economía, no hay que perder la idea de que la economía moderna es siempre dirigida: por el Estado o por los grupos económicos, y siendo estos foráneos, establecen preferencia a lo de afuera, obstaculizando el libre desarrollo de lo propio. En una economía nacional bastaría invertir la posición del “zorro gris” para que lo de afuera no estorbase a lo de adentro. Pero los liberales se “tiran” contra la libre empresa cuando eso conviene a los amos imperiales. Son estos mismos liberales que en su momento hablan de entregar una empresa del Estado a la iniciativa privada, los que en la Década Infame fueron los enemigos de la iniciativa privada porque ésta le hacía competencia al transporte británico…¡y también se dicen campeones de la productividad! Y son los mismos que crearon las Juntas Reguladoras en los años 30 para reducir la producción argentina conforme al plan de país de poco consumo y poco trabajo y mal pago, que es el sistema del coloniaje. Esos mismo, que andan amolando con índices de productividad y con estadísticas amañadas, son los que establecieron cupos a la producción de vino, azúcar, algodón, es decir, lo que no le convenía a Inglaterra en su momento, los que echaron el vino en las cunetas como unos bándalos, impusieron la extirpación de los viñedos y cañaverales, liquidaron la industria transportista, son ahora los campeones de la productividad!!!! No son más que idiotas útiles los liberales argentinos, que trabajan para los intereses colonialistas. Un verdadero liberal no entregaría la riqueza de su Nación, defendería la libre empresa, pero la local, defendería libertad de los suyos, la libertad de crecer de los emprendimientos nacionales que son quienes se transforman en el reservorio de capitales patrióticos. Dicen libertad de comercio, pero para los capitales extranjeros, y al mismo tiempo están diciendo que se liquide la libertad a los pequeños emprendimientos, pero nacionales, que es lo que cuenta, porque todos los emprendimientos, y más en un país que quiere desarrollarse, comienzan siendo humildes, pero no por ello sin potencia de crecimiento. Terminan, así, destruyendo todo espíritu y ánimo nacional de propio crecimiento, para reemplazando por la sumisión a las “recetas” extranjeras, que traen tiradas de los pelos. Las grandes empresas deberían ser del Estado y no hay otra salida. El estado es el único que puede tener interés en el desarrollo del país. Eso de que “en el interés del particular (extranjero) “puede” estar el interés en el desarrollo del país en el que invierte” no es más que una “posibilidad” resumida en ese “puede” que, por ser el interés extranjero, queda totalmente reducida y dependiente de los intereses que, a su vez, condicionan a los intereses de dicho particular, que son los intereses del país del que proviene. Mientras que, ese “puede”, si se tratara del Estado Nacional, seguiría siendo una mera probabilidad, pero una probabilidad, por lógica, muchísimo más inclinada a satisfacer el interés local, propio, Nacional, y no el foráneo. Las empresas tienen interés en el desarrollo de ellas mismas. Prefieren un mercado pobre, monopolizado, a un mercado rico en competencia, y esa es la razón por la cual las tan reclamadas “inversiones de capitales extranjeros” no son más que una falacia económica, porque la soberanía corresponde a quien proporciona los capitales, y darle total libertad de acción a los capitales extranjeros trae la inmediata consecuencia de la entrega del Patrimonio y la Soberanía Nacional. Una vez monopolizado el mercado de manera “legal” pero ilegítima a los intereses del bienestar de la Patria, que son sus gentes. Un ejemplo de esto fue el Plan Prebisch, que significó la transferencia de una aprte sustancial de nuestra riqueza y de nuestra renta hacia las tierras de ultramar. Los argentinos reducimos el consumo en virtud de la elevación del costo de vida y del auge de la desocupación. De esta manera, no solamente aumentaron nuestros saldos exportables, sino que fueron más baratos, lo que fue aprovechado por el consumidor inglés que ensanchó su cinturón a medida que nosotros lo fuimos achicando. Y esto se contradice con la teoría Ricardiana sobre que las Naciones son más ricas por tener más “cosas”, puesto que si los liberales hubieran actuado como verdaderos liberales, no hubieran dejado que estas “cosas” se fueran del sistema económico interno. De liberales no tuvieron más que el nombre, por todo lo demás no fueron más que charlatanes, como vos, que contribuís conciente o inconcientemente a esta falsa y al camino que arruinará totalmente la economía nacional. Pero ni vos ni el pingüino son “mejores”, sino que solamente uno es peor que el otro, porque uno es conservador y vos sos entregador de los patrimonios de la Nación, un mero vendepátria, como Menem, propio de un sistema ya muerto varias veces en la historia Argentina, pero que renace sólo de la mano de las clases altas conservadoras. Por ello la defensa de las “clases altas” mediante el rótulo de “la clase necesaria”, ¿necesaria para qué?, ¿para el establecimiento de grandes conglomerados de industria y empresas? Si no hacen más que criar más vacas para exportarlas a precios arreglados al extranjero. Durante el Plan Prebisch, la mayor parte de nuestra industria que se sustentaba en el fuerte poder de compra de las masas populares, no tardó en entrar en liquidación. Los argentinos apenas si tenían para pagarse la comida de todos los días. Y cuando las industrias se liquidaron y comenzó la desocupación, entonces hubo muchos que no tenían ni para pagarse esa comida. Fue el momento de la crisis deliberada y concientemente provocada, por liberales “idiotas útiles” cipayos, tilingos, medios pelos… bueno basta con que te mires al espejo y no hay más que decir. Se fue hipotecando con el fin de permitir que falsos inversores de capital pudiesen remitir sus beneficios al exterior. Y como nuestra balanza de pagos era deficitaria, en razón de la caída de nuestros precios y de la carga de las remesas al exterior, no hubo, entonces, más remedio que contraer nuevas deudas e hipotecar definitivamente nuestro porvenir. Llegó, entonces, el momento de afrontar las dificultades mediante la enajenación de nuestros propios bienes, como los ferrocarriles, la flota o las usinas. Así, vendieron la Patria, la gloriosa Patria que el Glorioso Perón ayudó a levantar. Y si puede acusarse a Perón de que la gastó en planes sociales, hay que tener los huevos de decir que dichos planes sociales no fueron “limosna” ni “caridad” como sí les gusta hacer a las clases conservadoras para vanagloriarse ellas mismas de su falsa intención, sino que fueron el cumplimiento del deber de todo gobernante: devolverle al pueblo lo que es del pueblo, y si esto es lo que los falsos liberales llaman “populismo”, entonces a mucho honra, porque es preferible equivocarse con el pueblo que contra el pueblo, aunque los fachos liberales no se equivocan contra el pueblo, puesto que siempre alcanzan sus intereses particulares. El desprecio de lo “nacional” en pos de lo extranjero, no fue más que pura charlatanería liberal económica. Primero, las marcas conquistaron el mercado a favor del contrabando. Una vez que la marca, por aquello de que lo importado es mejor, se prestigia, se hizo radicación y con la radicación hecha, se empezaron a fabricar cigarrillos argentinos con tabaco argentino, con obreros argentinos y máquinas argentinas pero que permitieron girar “royalties” extranjeros. Es decir, que lo único que se radicó fue la marca. Es lo que se llama una radicación de humo, que hizo que gran parte del importe del consumo argentino de tabaco, se girase al exterior. Aquí quedó el humo, y allá se fueron los dólares.!!! Y luego, algunos gilazos de cuarta, me preguntan ¿Por qué Nacional?. Y lo mismo sucede actualmente con las marcas de ropa deportiva: PANTALÓN ADIDAS NEGRO, “MADE IN ARGENTINA” (INSCRIPCIÓN EN INGLÉS) Y “HECHO EN ARGENTINA” (INSCRIPCIÓN EN ESPAÑOL), pero cuando se vende casi el total del porcentaje de su venta se va al exterior. La economía sigue siendo un problema de dependencia, no de “ideologías”, aquí los ideólogos hablan muy bien, pero los niños siguen comiendo muy mal. Y claro, la gente se moría porque Cavallo, ex-estudiante de Harvard, se quedase a aplicar sus “recetas”, mientras había crisis y, al mismo tiempo, el profesor de Harvard, escribía un pequeño libro titulado: “Cómo salir de la crisis, la Argentina que viene. Euro, competitividad y heterodoxia”, en el que se encuentran cosas tan irrisorias como: el valor de estos trabajos, escogidos por el propio autor, es su poder de anticipación (hubiese anticipado la crisis, este idiota útil). “El plan para volver a crecer” (a crecer como en los 90?) fue elaborado a mediados de 1999 como parte de la campaña electoral (pura charlatanería, como la tuya, para favorecer intereses y objetivos propios, los del poder) de Acción por la República y fue publicado en forma de folleto (folleto marxista?) –“Un hombre, un empleo” (más charlatanería, promesas vacías como lo de la paridad peso-dólar, como la plata dulce y la especulación financiera) – para apoyar la candidatura presidencial de Cavallo (menos mal quo no le funcionó, no?). “El futuro de la Convertibilidad y el MERCOSUR” es el capítulo 19 del libro “Pasión por crear”, (por destruir, no será?) un jugoso diálogo con el economista Juan Carlos de Pablo. Los tres textos se completan e integran como para ofrecer tanto un diagnóstico como una alternativa de solución a la crisis. Representa fielmente, sin duda, la plataforma básica de sus nuevas ideas. Una guía práctica para entender qué quiere hacer y hacia dónde vamos. Etc. Etc. Y más charlatanería. Buenos Aires, 21 de abril de 2001. La forja de ideas no lleva días, ni semanas ni meses. Lleva años. El señor Cavallo decía tener las ideas para “salir de la crisis” y, aún teniendo todos los poderes y recursos para realizar sus ideas, pocos meses después estaba buscando un lugar dónde esconderse. Otro personaje curioso, además de este muñeco idiota de Cavallo, fue Aldo Rico. Curiosa historia la de Aldo Rico, que comenzó siendo un fuerte opositor de la política menemista, de claro tinte neoliberal, y terminó siendo un aliado político. Pero lo interesante es ver lo que el propio Aldo Rico sostenía en documentos del MODIN (Movimiento de Dignidad Nacional), por ejemplo: Nacionalismo de Mercado, el Plan Austral de Cavallo (la convertibilidad) llegó a su Primavera. Estamos en un punto donde los salarios son tan bajos en relación a los precios internos, que no les alcanzan a quienes los perciben para vivir dignamente; y al mismo tiempo son tan altos en dólares, que no les permiten exportar a quienes los pagan. Los industriales acaban de denunciar que la convertibilidad contribuyó a una cuantiosa transferencia de fondos del sector productivo al financiero. El culto del libre mercado, oficiado sucesivamente por Martínez de Hoz, Alemann, Sourrouille y Cavallo ha empobrecido a los argentinos y desnacionalizado a la Argentina. En 1970 sólo resultaban pobres 5 de cada 100 hogares urbanos y 19 de cada 100 rurales. Hoy la mitad de la población está por debajo del nivel crítico de pobreza y un tercio sumido en la miseria. Un ministro admitió que 9 millones de argentinos carecen de alimentación, salud, vivienda, servicios sanitarios, educación y vestido; otros 6 millones no ganan lo necesario para comprar los productos de la canasta básica de alimentos. Más que achicar el Estado, pauperizaron el mercado interno. El cuento de las privatizaciones. Menem prometió que las privatizaciones serían el remedio de todos nuestros males. Lo de aerolíneas y los peajes fueron estafas, lo de ENTEL transferencia de un mercado cautivo a monopolios estatales extranjeros con rentabilidad garantizada; el desguace de YPF, la pérdida de la mayor palanca para el desarrollo y fijan una condición previa para el desmembramiento territorial. Expertos como el profesor Lester Thurow, decano de la Escuela de Administración del Instituto de Tecnología de Massachussets, ahora nos explican que “las privatizaciones y la desregulación, por sí mismas no aseguran que se realicen inversiones”, puntualizando que “si el Estado hace inversiones que eleven la productividad, entonces van a aparecer inversiones privadas”, porque “la verdadera distinción no es entre público y privado sino entre inversión y consumo”. En nuestro país se realizaron a tontas y a locas, desvirtuando la validez del instrumento. Se concretaron con una suerte de “naciofobia” por la cual se privilegió al capital extranjero, excluyendo a los capitales medios argentinos. Al iniciarse este año (1992) había 6.000 millones de dólares depositados en el sistema bancario local a tasas bajísimas, y el gobierno no movió un dedo para fomentar que ese capital de pequeños y medianos ahorristas se agrupara para adquirir las empresas privatizadas. Aún para tareas que no requieren tecnología alguna, como organizar carreras hípicas y explotar algunos bares, se convocó a capital extranjero. (como bien dije antes, la soberanía corresponde al capital invertido ya que, una vez hecha la venta, puede disponerse del bien tal y como se desee, más aún en un Estado que no pone ni las más mínimas restricciones.) Y sigue don Rico: El capital extranjero –como en Inglaterra- (sos idiota útil y, encima, mentiroso) podrá participar en proporciones limitadas, sin privilegios, sin garantía de ganancias y sometido a los mismos riesgos y tribunales que los inversores argentinos. Las naciones desarrolladas comenzaron acumulando capitales, para lo cual protegieron decididamente su producción, y después impulsaron teorías económicas con el fin de abrir mercados de consumo en países condenados a no tener capital propio. Y nosotros debemos hacer lo que ellos hicieron, y no lo que nos dicen que hagamos. (problema político, no ideológico o, en todo caso, de ideología Nacional o Extranjerizante) Por eso Carlos Pellegrini sostenía ya en 1902 que “toas las naciones protegen el trabajo nacional (no como los idiotas útiles –como les decía el Glorioso Perón a los giles de la izquierda- como vos que, al contrario, lo desprecian por tener una mente tan retorciadamente extranjera) y no puede ser de otra manera, porque el trabajo es la riqueza, y la riqueza es el poder y el engrandecimiento en todo sentido, y en la competencia universal es lógico que cada país trate de asegurar para su industria, en primer término, su propio mercado antes de buscar el mercado ajeno”. Por lo mismo, Henry Kissinger define casi un siglo después que “la soberanía de un país, en última instancia, reside en el control de su mercado interno”. Nos dicen que no debemos consumir porque el consumo genera inflación, cuando en realidad ocurre todo lo contrario. Las causas estructurales de la inflación son la desinversión y la desindustrialización. Pero como no podemos confiar en un capital externo que nunca llega, la base de la inversión debe ser el ahorro interno. Es decir, debemos procurar que la renta de la riqueza que producimos quede en la Argentina, e invertida en educación, cultura, ciencia y tecnología se transforme en desarrollo. Para ello debemos fortalecer nuestro mercado interno. El salario no puede ser la ventaja comparativa de la Argentina (ay que lindo! Un término Ricardiano!), que cuenta con recursos naturales y humanos más que suficientes para establecer otros parámetros de competencia. La política monetaria sólo debe servir para garantizar que la tasa de retorno de toda actividad económica sea mayor que la tasa de interés real (costo del dinero), porque sólo así habrá crédito, sin el cual no hay producción. Mercado para pocos o País para todos. El gobierno de Menem intenta consolidar en la Argentina un modelo neoliberal salvaje que acaba de derrumbarse en Estados Unidos. El Premio Nobel Paul Samuelson afirmó que Bush (padre) fracasó porque abandonó el Estado (jaja, me causas risa, … útil) Uno de los artífices del “milagro japonés”, el ex canciller Saburo Okita, asegura que “los mecanismos del mercado no son infalibles; requieren la intervención del gobierno a través de políticas de planificación”. Y la revista “The Economist” comentó en septiembre pasado que “sin la mezcla correcta de Estado y mercado, los países nunca tendrán una infraestructura económica que regule el crecimiento” (que pasó? De pronto se hicieron eclécticos estos gringos joputas? Jajaja, me das pena…) Y por si fuera poco, Rico sigue: Los norteamericanos acaban de tirar por la borda a los extremistas de mercado que en los últimos cuatro años provocaron un aumento de su tasa de desempleo del 5,4 al 7,8 por ciento y un incremento de su déficit fiscal de 155.000 a 350.000 millones de dólares. Bush proponía más de lo mismo: reducir el Estado, achicar el déficit público y desregular aún más el mercado laboral. Clinton prometió incrementar las inversiones en educación y salud, crear un fondo para la investigación y desarrollo, impulsar una red de centros para ayudar a la pequeña y mediana empresa a incorporar nuevas tecnologías y requerir al empresario que destine el 1,5% de la nómina salarial al entrenamiento de personal (que pasó? No que esas medidas eran “social-demagogas”?... mediopelito) Y ahora denosta a su luego aliado don Cavallo: Cavallo dio un paso atrás al borde del precipicio. Se estima que la balanza comercial, es decir la diferencia entre lo que compramos y lo que vendemos al exterior, sumará este año un déficit de 2.000 millones de dólares, que el ministro esperaba compensar con inversiones extranjeras que no llegan. Entonces aumentó un poco los aranceles y autorizó reintegros selectivos a los exportadores. El sueño de las inversiones extranjeras en realidad es una pesadilla. Desde 1989 hasta el primer semestre de este año, México ha pagado 44.000 millones de dólares de su deuda externa; 29.000 millones en pago de intereses, un 13% más de los 25.600 millones de inversiones extranjeras. ¿De qué inversiones se trata? Las principales provienen de las terminales automotrices norteamericanas, que envían sus autopartes para que sean ensambladas por obreros mexicanos que cobran un dólar por hora, mientras que en Estado Unidos esa misma mano de obra cuesta 11 dólares la hora. (es decir, las inversiones extranjeras por las que tanto llorás, no son más que limosnas extranjeras jajaja, me das pena). Muy pronto sufriremos este fenómeno en carne propia. Por eso el gobierno impulsa una “flexibilidad” laboral que deje sin protección a los trabajadores (y la “flexibilización laboral” fue un hecho, y eso fue lo que realmente ocurrió, y este tipo de fenómenos anti-nacionales también han ocurrido en países del primer mundo, donde se trata a su gente como burros de carga, como en España, de allí obtuvieron ellos las tan famosas ETTs que todos los trabajadores evitan pero que el gobierno mismo promociona). Hasta el director general del FMI, Michael Camdessus, reconocía que “no se puede aceptar que el fundamentalismo marxista sea sustituído por el fundamentalismo de mercado: el mercado no puede quedar librado a su sola lógica, puesto que la economía no pertenece al ámbito de la técnica sino de lo humano”. Pero claro, estos dichos serían interpretado, por un medio pelo como vos, como una mera equivocación y que no hay que hacerle nada de caso y, al contrario, “copiar” todo lo otro en lo que sí están absolutamente en lo correcto. Por cierto, se nota que naciste en el Tercer Mundo, vos te limitás a “copiar” todo, en vez de usar tu propio intelecto, felicitaciones. El dogmatismo de mercado predica que el máximo bienestar social proviene del libre juego de los agentes económicos y de la búsqueda, sin interferencia estatal, del interés individual. Pero la realidad contesta que los modelos económicos exitosos –Alemania, Japón, Corea- se caracterizan por una fuerte intervención del Estado y sólidas prácticas sociales. Este dogma pretende prevalecer sobre la moral y glorifica el individualismo lúdico, la exaltación del ego y del propio interés, la obsesión por lo meramente material, el culto a la ganancia a cualquier precio y en el meno tiempo posible; y tiene su correlato económico en la manipulación de la Bolsa, las acciones y toda otra simulación de riqueza que no es tal. “Los mecanismos del mercado no son infalibles; requieren la intervención del gobierno a través de políticas de planificación”, dijo Saburo Okita, el ex canciller japonés, y explicó que “si en Japón hubiéramos dejado que el mercado eligiera, no existiría industria automotriz y, por ende, no existirían ni Toyota, ni Nissan, ni Honda”. Aquí, los ideólogos de cuarta del mercado, como vos, hacen todo lo contrario; desarticulan Estado, desprotegen la producción nacional, deprimen el salario y privatizan, pero sin requerir inversiones inversiones de riesgo (demaciado patriotas?) que garanticen la prestación de servicios públicos esenciales, sino como un mecanismo de pago de la deuda externa. ¿Cuál fue el resultado de estas políticas aplicadas sucesivamente por Martínez de Hoz, Alemann, Sourrouille y Cavallo?: De 1970 a 1990 se triplicaron las tasas de desocupación y subocupación y el poder adquisitivo del salario promedio es hoy (1992) un 50% inferior que cuando asumió Alfonsín. ¿Cómo es posible que hayamos sido tan pobres rodeados de tanta riqueza?: La Argentina fue vaciada por la transferencia de su renta al extranjero por tres vías: la fuga de capitales, pago de una deuda externa usuraria y entrega de su consumo interno a raíz de la venta de las empresas públicas que más facturaban a cambio de papales de esa misma deuda, y por la apertura salvaje de las importaciones. La apertura suicida provocó un agudo déficit de nuestra balanza comercial, que los “ayatollah” del fundamentalismo de mercado confiaron compensar con inversiones extranjeras que esperaban desde hacía 20 años pero nunca llagaron. Y cuando llegaron se destinaron a sectores no productivos, a mercado cautivos que terminan en manos de monopolios estatales extranjeros o al blanqueo de oscuros capitales en lujosos hoteles. Exactamente lo mismo que está sucediendo ahora: llegan capitales para invertir en automóviles de lujo, que sólo consume la clase alta (propio de la concentración de riqueza) o en hoteles de lujo sobre las costas argentinas. Jajaja, así que ahora ya sabés quienes son los verdaderos “extemistas”. En 1993 el presidente Menem viajó a Suiza acompañado por una comitiva de 60 personas con un costo de 733.000 dólares, equivalente a los haberes de casi 5.000 jubilados. Lo más grave es que allá no dijo la verdad, como no la dijo aquí. Menem afirmó que en la Argentina “hay más trabajo”. Mintió. Según lo indicaba el INDEC, la desocupación había aumentado un 26 por ciento en Capital Federaql y Gran Buenos Aires desde octubre de 1991 a octubre de 1992. También dijo que había “más producción”, y volvió a mentir: la Unión Industrial Argentina acababa de expresar su alarma ante la situación recesiva. La alquimia de la convertibilidad había provocado que los salarios fueran tan altos en dólares que le impidieron exportar a quienes los pagaban, y a la vez eran tan bajos para quienes los cobraban que el mercado interno se había reducido. De tal modo que no había exportación ni consumo interno, y por eso producíamos menos y había menos trabajo y más desocupación. El déficit de la comercial, es decir la diferencia adversa entre lo que compramos y vendemos en el exterior, alcanzó los 2.500 millones de dólares durante 1992. Eso alcanzaría para generar 500.000 puestos de empleo en la Argentina, porque cada vez que compramos un artículo importado estamos pagando mano de obra extranjera y provocando la desocupación de trabajadores argentinos. No por nada el ex presidente Clinton le agradeció públicamente al ex presidente Menem la creación de 50.000 puestos de trabajo en Estados Unidos por la importación argentina de productos norteamericanos, cipayito. A ellos, los intereses dominantes que venden al exterior, les interesa la pobreza, la decadencia y la miseria del país, porque les interesa el bajo costo de producción exclusivamente, para poder seguir la carrera de los bajos precios que imponen desde afuera… Peón barato y población urbana mísera es su ideal, porque su única finalidad es bajar costos, para exportar a bajo costo, es decir, eliminando la competencia del mercado interno de consumo. Los genios de la economía nos han traído hasta esta maravillosa situación: costo de vida internacional con salarios y retribuciones nacionales. En otras palabras: pagamos como norteamericanos, cobramos como argentinos.
En defensa de la Economía Nacional, también es necesario decir que se deben industrializar las materias primas. Quiero explicar de una manera simple la diferencia que, para la vida económica y social del país, significa exportar un producto en materia prima, o exportarlo transformado, y el por qué del interés de llevar nuestra mercadería en la forma primaria de producción, que tiene el comprador foráneo. Tenemos el caso de las lanas, típico producto de nuestro agro. Si la lana se exporta sucia, tal como viene del establecimiento ganadero, su precio de exportación, disminuido en sí por el monopolio comprador, sólo lleva incorporado el valor de renta de la tierra, del punto de vista capitalista, y el salario del peón ovejero, y los gastos de esquila y transporte al puerto de embarque. Si se exporta lavada, ya queda en el país el costo “lavado”, si “hilada” el costo “hilado”, si tejida, el costo “tejido”, si teñida, el costo “teñido”, y si confeccionada, el costo del traje o la manta. Pero si el país, al industrializarse, como ocurrió en la época peronista, fabrica las máquinas de los lavaderos, de las hilanderías, de las tejedurías, también han quedado en el país las utilidades de los salarios y del capital de los industriales y obreros que hacen esas máquinas. Analícense los respectivos costos y se verá que la relación es de uno a cien. Uno, el valor de la lana, y cien, el valor del traje confeccionado con esa lana. Calcule usted, … útil, el valor lana sucia del traje que tiene puesto, y que es su base, y el valor “traje”. Creo que no necesitás más para comprender qué diferencia hay entre un país subdesarrollado y un país desarrollado, entre un país libre y un país colonial. Cuando entiendas eso, habrás entendido toda la Política Nacional, y te darás cuenta que no es una cuestión de dictadura o democracia, ni una cuestión ideológica abstracta, sino la cuestión de si somos unos infelices que vendemos lanas sucias y compramos trajes, o somos un país que quiere asentarse en la grandeza sobre sí mismo. Si somos pobres o ricos. Por esta “pavadita” los Estados Unidos se destrozaron en la guerra de Secesión entre el Norte y el Sur. Hay dos versiones literarias de la misma, que son las que difunden nuestros “inteligentes” maestros ciruelas, como los que te deben educar a vos, para que no entendamos nuestra historia entendiendo la historia ajena, después de haber desfigurado la propia. Según una de las versiones, la señora Enriqueta Beecher Store escribió una novela llamada “la cabaña del tío Tom”, en que pinte el terrible drama de la esclavitud negra. Los norteamericanos del Norte se afligieron tanto, que agarraron las armas y llevaron la guerra a los del Sur, que eran esclavistas. Según la otra versión, doña Enriqueta había exagerado, y los del Sur eran unos nobles caballeros a la europea, que imitaban el señorío francés, como nuestros señores rurales imitan el señorío inglés, y cultivan las buenas maneras hasta con los negros; una sociedad romántica y caballeresca, que fue destruida por la grosería irlandesa, polaca, alemana y judía de los mal nacidos del Norte, que son los que ganaron. La verdad es que los “groseros” del Norte querían que el algodón que se exportaba a Inglaterra fuera exclusivamente a sus hilanderías, y que los negros se incorporasen a la multitud proletaria que usa camiseta, si es posible, con mangas, y no esa “musculosa” que muestra el sobaco, no tanto para no exhibir las axilas, como para insumir más algodón tejido. Y que los “caballeros” del Sur querían seguir siendo sólo “caballeros rurales” a pesar de los “negros” y del destino de los EEUU. Su hubiera ganado el Sur, Estado Unidos no sería la potencia que es hoy, y ya no entro en más posibilismos, porque esto hubiese alterado toda la historia del mundo, y tal vez el resultado de las dos últimas guerras mundiales, el desarrollo de la energía atómica y las posibilidades interespaciales. ¡Las cosas que resultan del “berretín” de que los negros usen camisetas!!!!! Lo malo es que entre nosotros las más de las guerras las ganan los del Sur, aunque el país, afortunadamente, sigue luchando y trabajando, reviente el molde dentro del cual lo quieren meter, para que no exporte más que lanas sucias y viva como negro, y sigue adelante, pero despacio. Lo de las camisetas es una sola de las tantas cosas que ganó el Norte, para los Estados Unidos. Nuestros constituyentes copiaron la constitución de Estados Unidos y creyeron que con eso hacían los Estados Unidos del Sur. Funcionando una constitución como la norteamericana, nosotros debíamos prosperar como los norteamericanos. Pero resulta que la independencia norteamericana la hizo el capitalismo naciente de los Estados Unidos, y en la Convención de Filadelfia los constituyentes que se sentaban eran todos, menos dos, millonarios. Y aquí los constituyentes eran unos secos rabiosos, que no tenían para pagarse la pensión. Caseros fue el triunfo del sector de comerciantes de la Revolución de Mayo ligado al comercio de exportación e importación; pero estos comerciantes, ni siquiera eran capitalistas propios, sino agentes del capitalismo inglés, y así una constitución capitalista, para un país que no era capitalista, fue la constitución del único capitalismo que había, que era el extranjero, pues las nuevas condiciones de “libertad de comercio” serían precisamente para destruir el pre-capitalismo de tipo artesanal, que era lo único que teníamos y que no pudo defenderse frente a la estructura moderna del capitalismo, con una constitución cuya misión era precisamente dejarlo indefenso. Y para crear un interés afín con los comerciantes extranjeros promovieron exclusivamente una clase propietaria, como la que perdió la guerra en EEUU.
El niño a quien le enseñan la historia oficial no entiende cómo ese pequeño país casi indígena pudo resistir durante cinco años la coalición Argentina, Brasil y Uruguay, en su contra, y no le dan otra explicación que el heroísmo del pueblo paraguayo, producto de su ignorancia y su brutalidad, como lo han explicado nuestros próceres. No se le dice que Paraguay era una potencia entonces, porque tenía muchísimo ferrocarril, cuando aquí no había un metro, que tenía fábrica de armas, altos hornos, fábricas de vidrio, astilleros. Que en lugar de importar inmigrantes, mandaba sus hijos a aprender la técnica de Europa, ingenieros, doctores, militares. Pero que esos hijos habían aprendido primero a ser paraguayos, de lo que tenían orgullo, orgullo que demostraron muriendo heroicamente el noventa por ciento de su población masculina en la guerra que vino después. Y nosotros también exportamos técnicos para que se perfeccionen, pero de vuelta nos vienen almirantes y generales que en lugar de aprender la técnica han aprendido las ideas y el concepto de superioridad que les imponen los ingleses, alemanes o norteamericanos, según la época y la moda, donde se perfeccionan para coloniales, como si el sastre que les hace el traje les hiciera también la cabeza. Y lo mismo que pasa con estos pasa también con los ingenieros, los juristas, los literatos y los artistas. De modo que en vez de viajar para servir al país viajan para joderlo. Los técnicos japoneses, como los paraguayos, aprendieron la técnica para ser mejores japoneses, y no para vender su alma porque de esta venta del alma sale el vende-patria, que es la imagen política del tilingo, utilidades aparte. Y no es un invento mío esto de que la guerra del Paraguay se hizo para establecer lo que llaman “libertad de comercio”. Lo dijo solemnemente el general Mitre, al anunciar las tropas que retornaban triunfadoras: “cuando nuestros guerreros vuelvan de su larga y gloriosa campaña, a recibir la merecida ovación que el pueblo les consagre, podrá el comercio ver inscriptos en sus banderas los grandes principios que los apóstoles del librecambio han proclamado para mayor felicidad de los hombres”. ¡Qué alegría como los gauchos inválidos haber peleado para los comerciantes de Manchester y Liverpool!!!! ¿No cipayito de cuarta? Y Sarmiento lo dijo mejor que nadie: “La grandeza del Estado está en la Pampa pastora, en las producciones del norte y en el gran sistema de los ríos navegables cuya aorta es el Plata”, pero entre tanto, con la “Libre navegación de los ríos” entregaba esta parte de la soberanía. Y luego dijo: “por otra parte los españoles no somos ni industriales, ni navegantes y la Europa nos proveerá por largos siglos de nuestros artefactos a cambio de nuestras materias primas”. Esta referencia histórica no es porque me dio ganas de hinchar las pelotas, ni porque sea fanático del historicismo tanto como vos le tenés miedo a ver las propias cagadas históricas del liberalismo, es porque hay mucha gente que no entiende la necesidad del revisionismo, porque no comprende que la falsificación de la historia es una política de la historia, y la derecha lo que hace es política de la historia, por algo la escogiste, decís que es “simple” pero en realidad sólo porque se ajusta a tus conveniencias librecambistas y porque nutren la falsa moral de “liberalismo” burgués, que no es más que la libertad de acción propia y no de las masas, que fueron las verdaderas realizadoras de la historia. Puta hipocresía la tuya. La política de la historia está destinada a privarnos de la experiencia, que es la sabiduría madre, por eso siempre aconsejando “copiar, copiar y copiar” lo extranjero, en vez de abogar por la propia experiencia, que proporcionaría muchos más conocimientos que la mera práctica otorga, con las lógicas características de desarrollar una experiencia en un contexto local, puesto que cada contexto tiene sus propias características particulares, y por ello no es aconsejable tomar las teorías como si fueran recetas de cocina, actitud retrógrada que impregna todo tu pensamiento pusilánime porque ni siquiera se anima a desarrollar una experiencia propia con el riesgo que ello conlleva, pero que ya todas las grandes naciones del mundo se han animado, en su historia, a correr. Cuando los conservadores quieren citar a Pellegrini como padre en estas cosas de libre empresa, ocultan deliberadamente su pensamiento básico: “no hay en el mundo un solo estadista serio que sea librecambista”. Hoy todas las naciones son proteccionistas y siempre lo han sido, y tienen fatalmente que serlo para mantener su importancia económica y política. El proteccionismo industrial puede hacerse práctico de muchas maneras, de las cuales las leyes de aduana sólo son una, aunque son duda, la más eficaz, la más generalizada, y la más importante. “Es necesario que en la república se trabaje y se produzca algo más que pasto”, decía Pellegrini. ¡Chupate esa Martinez de Hoz, Alemann, Cavallo, y vos!!!!! Salame de Milán!!!!! Inglaterra empezó a ser potencia cuando dejó de proveer la lana para las fábricas de Flandes, llevó de Flandes los expertos en tejidos, y prohibió la exportación de sus vellones, para exportar las camisetas. Su grandeza la hicieron con las leyes de protección y con el Acta de Navegación que le dio el monopolio marítimo. Y cuando fue grande y poderosa empezó a exportar la idea de la libre empresa a los países manejados por idiotas útiles como voçe o por venales. Una vez logrado su desarrollo pleno, los piratas primero, y los aventureros comerciales después, sembraron el mundo con los productos industriales, invadiendo los mercados que habían quedado indefensos, gracias al soborno de sus agentes, y a la destrucción de la inteligencia nacional con la enseñanza del librecambio y la división internacional del trabajo, que es otra gran mentira impuesta por las potencias extranjeras para eternizar la situación de dependencia de los países del Tercer Mundo, que son tercermundista por culpa de idiotas útiles como vos que se comen toda esa mierda y, por ello, al decir tercermundistas con desprecio no hacés más que tirarte la mierda en tu propia cara. Inglaterra compró materias primas y vendió materias primas industrializadas, que transportó en sus barcos, que aseguró en sus compañías de seguros, que financió con sus bancos, negocio todo, que le permitió tener la primera escuadra del mundo, pero no para traer heladeras de contrabando, sino para asegurar las rutas de su comercio internacional, impedir la competencia y abrir a cañonazos los puertos donde no había vende-patrias que los abriesen por unas pocas libras esterlinas, y educaban a su pueblo para el coloniaje y la dependencia. Vos hubieras abierto las puertas por un par de monedas no? Mejor ni contestes, ya me imagino la respuesta, hubieras sido de los giles que, durante las invasiones inglesas, en vez de defender la Patria la entregaron sin disparar un solo tiro. Gracias a Dios que seguimos habiendo hombres de verdad, hombres honorables que no vamos a permitir que eso vuelva a pasar y que, al contrario, si llegase tal momento, te vamos a colgar de las bolas desde la punta del Obelisco. Jajajja o quizás te tiremos al mar desde un avión, con una piedra enorme atada a los pantalones, para que te sientas bien zurdito.
El general Grant, vencedor en la guerra de Secesión que mencioné antes, y que sería mejor llamar “guerra de las camisetas”, después de terminar su período presidencial en Estados Unidos, en 1897, fue invitado a una reunión librecambista en Manchester. Después que los oradores hubieron expuesto los argumentos ingleses a favor del librecambio y denunciado las barreras del proteccionismo como nefastas para la libertad de comercio, habó de esta manera: “señores, durante siglos Inglaterra ha usado el proteccionismo, lo ha llevado hasta sus extremos, y le ha dado resultados satisfactorios. No hay duda alguna que a ese sistema debe su actual poderío. Después de dos siglos, Inglaterra ha creído conveniente adoptar el librecambio, por considerar que ya la protección no le puede dar nada. Pues bien, señores, mi conocimiento de mi patria me hace creer que dentro de doscientos años, cuando Norteamérica haya obtenido del régimen protector lo que éste pueda darle, adoptará firmemente el librecambio”. Compárese este discurso con el del general Mitre!!!!!! NO han hecho falta doscientos años. Ahora Norteamérica es librecambista, pero poco. Uno de los mejores ejemplos históricos de esto lo da Estados Unidos y su ex presidente Roosevelt, allá por el año 1939. Cuando Franklin Delano Roosevelt llegó a la presidencia, había en los Estados Unidos quince millones de trabajadores sin trabajo, que miraban con caras de niños perdidos. Muchos alzaban el pulgar en las carreteras y peregrinaban de ciudad en ciudad, descalzos o con cartones sobre las suelas agujereadas, teniendo por hoteles los urinarios públicos y las estaciones del ferrocarril. Para salvar a su nación, lo primero que hizo Roosevelt fue romper con el principal mandamiento, enjauló el dinero: cerró todos los bancos hasta que se despejara el panorama. Y desde entonces ha gobernado la economía sin dejarse gobernar por ella, y consolidó la democracia amenazada por la crisis. Con los dictadores latinoamericanos, sin embargo, se llevaba de lo más bien. Roosevelt los protegía, como protegía a los automóviles Ford, a las heladeras Kelvinator y a todos los demás productos industriales de los Estados Unidos. Eso sí que es revelador, no? Otra forma de protección que desarrolló Estados Unidos fue contra los negros, contra sus propios negros. Salían los soldados de Estados Unidos hacia los frentes de guerra, muchos eran negros pero al mando iban oficiales blancos. Si sobrevivían, los negros volvían a casa por la puerta de atrás, y en los estados del sur tenían un lugar aparte para vivir y trabajar y morir, y hasta tenían cementerio a parte. Los del Ku Klux Klan evitaban que los negros se metan en el mundo de los blancos, y sobre todo en las camas de las blancas. La guerra aceptaba negros a montones, así como hoy la guerra en Medio Oriente acepta latinos y boricuas a montones, pero la Cruz Roja de los Estados Unidos no los aceptaba, prohibía la sangre de negros en los bancos de plasma. Así evitaba el estado que la mezcla de sangre se hiciese por inyección. El mejor ejemplo fue el de Charles Drew, quien fue un verdadero inventor de vida. Hizo investigaciones que hicieron posible la conservación de la sangre. Gracias a él existen los bancos de plasma que resucitaron a miles de moribundos en los campos de batalla de la segunda guerra mundial en Europa. Drew dirigía el servicio de plasma de la Cruz Roja en los Estados Unidos. Cuando la Cruz Roja resuelve rechazar la sangre de negros, renuncia a su cargo. ¿Por qué?, porque Drew es negro. Simplemente más hipocresía “puritana”, tan cerca del cielo, por el ego, pero tan alejados de Dios, por su miseria.
La verdad es que estoy muy lejos de ser un experto en materia económica; uno de esos sabios patentados que se turnan en la cátedra y en los ministerios, y que son simplemente loros repetidores de fórmulas abstractas de importación, creadas en otros países y para otras circunstancias y difundidas deliberadamente para que nos pongamos sus anteojeras y no veamos nuestra realidad, sino del color del cristal que traen, y deformada por su aumento. Pero con lo poco que sé, podría pasar por uno de estos fenómenos con sólo tomarme la comodidad de hablar “en difícil”, en términos llamados “técnicos”, para que la gente no me entendiera un carajo. Pero es mucho más difícil hablar fácil!!!!!! Pero yo soy un modesto paisano, un gauchito, que le llama al pan, pan, y al vino, vino y cuando quiero explicar algo lo explico para que me entiendan y no como que digan: qué fenómeno este! Como sabe!!!! No entendimos nada porque lo que sabe es muy difícil!!!! La economía es una cuestión de buen sentido y los términos técnicos ayudan para abreviar las explicaciones y nada más. Para dar un ejemplo, hablemos del “milagro alemán”. Del “milagro alemán” sólo se cuenta lo que le conviene a los patrones, pero ocultan la reforma monetaria del 48, que desvalorizó al diez por ciento todos los pasivos y activos, al sustituir el reich-mark por el deutsch-mark, pero no los salarios, de donde éstos se multiplicaron en su capacidad adquisitiva, manteniendo y estimulando el poder de compra del mercado paralelamente al saneamiento contable de las empresas. Ocultan que la restauración de la economía alemana se hizo sobre el hierro y el carbón que la guerra no había destruido, y seguía estando allí, uno cerquita del otro, con ríos y canales navegables, con caminos y ferrocarriles fácilmente reconstruibles. Ocultan que había toda una técnica comercial, que venía de antes y no murió con la guerra, y que su población era una población de ingenieros y obreros técnicos. Ocultan que el pueblo alemán está educado para ser soberano, para comerciar con quien le conviene y no con quien le impongan desde afuera. Ocultan que hace tan sólo ciento cincuenta años era también un país colonial y subdesarrollado, campo de batalla de otros, desde los orígenes de la historia, sin que le sirvieran para nada el hierro y el carbón y la capacidad de los alemanes hasta que las ideas económicas de List y el genio político de Bismark arquitecturaron una política Nacional y una economía Nacional en la cual hierro, carbón, ríos y alemanes pudieron poner en marcha todo el potencial que estaba larvado, desde los orígenes de la historia cuando las legiones de César se fortificaban en las orillas del Rin y las legiones romanas incursionaban hasta las marcas hamburguesas y pomeranias. Si no ocultaran esto, los interesados estarían fabricando sus propias horcas de traidores, porque todos los argentinos comprenderíamos que podemos hacer lo mismo con sólo ser nacionales. Porque hace casi doscientos años que los alemanes se organizaron como empresa propia mientras que nosotros hace casi doscientos años que nos organizamos como empresa ajena. Tampoco se dice que la reconstrucción de Alemania de posguerra tuvo el aporte del Plan Marshall, que inversamente, pretendió someternos haciendo a sus dueños acreedores y negociantes de lo nuestro, cosa que no permitió Miranda, prefiriendo no vender, a no vender como soberano para nosotros y a nuestros precios. Y ocultan que el Plan Marshall dotó a Alemania de una maquinaria más nueva y por tanto más eficiente que la norteamericana, de donde a estos se les apareció la viuda en forma de competidor. “Cela va sans dire” diría un tilingo… Lo que se dice es que todo aquello fue posible porque se trata de razas del norte, y no de cabecitas negras, de criollos, de italianos, de españoles, de turcos y de judíos. Es el racismo de los “antirracistas” como vos, racistas que padecemos desde Sarmiento. Nuestro obrero no sirve, dicen, nuestro burgués no sirve, nuestro bancario no sirve, no… “son tercermundistas”, decís. Somos “vagos”, inútiles, incultos, ladrones. Toda la enseñanza argentina ha funcionado para esto. Y la prensa, y el libro, y la cátedra. Y después venís con que todo eso está manejado por la izquierda? Y después venís con “qué es lo Nacional”? lo nacional es esto, la forja de una conciencia que le sea útil a la Patria, que es su gente, es decir, preparar al pueblo para servirse a sí mismo, no es más que algo útil y necesario para el desarrollo del potencial propio, algo que mentes extranjerizadas como la tuya no van a entender jamás. Este racismo tuyo forma parte de la masa de complejos destinados a mantenernos en inferioridad, en falta de fe en nosotros mismos, en el pesimismo y en la resignación. Por qué no te tomas un avión y te vas mejor a Europa? El corolario lógico de cualquier tilingo como vos, es una frase que se repite en cafés de la clase alta: “este país de m……” Todos dicen, este país de mierda, pero todos lucran con él.
Y ahora, un poco de Historia Nacional. El mejor de todos, Raul Scalabrini Ortiz, nos explica cómo fue entregado el patrimonio Nacional.
De cómo un asesor hipotecó la economía de la República (se refiere a Raul Prebisch). Para entender esto, el artificio consiste en suponer que nosotros no somos las víctimas sino los beneficiarios de ese proceso de explotación invisible de un pueblo por otro que se denomina imperialismo económico. La dominación económica no puede subsistir sin el apoyo de la ignorancia, que presupone el manejo por parte del dominador de los órganos de información: periodismo, editoriales, universidades, instituciones rectoras de la enseñanza pública, etc.
“Supongamos que en la vasta extensión del Océano Atlántico, entre Sudáfrica y el Río de la Plata, existe una comarca aún desconocida. Es un país fértil cuyas tierras arables suman casi treinta millones de hectáreas. Tiene una población de 20 millones de habitantes. Se denomina en el planisferio del imaginario Mercator, República de Otaria. Sus habitantes responden, pues, a la designación genérica de otarios, lo cual resulta simbólico, porque si bien la palabra otario no figura en el diccionario de la Real Academia, en el lenguaje vernáculo tiene una acepción precisa: otario es el que cambia una cosa real y cotizable por algo sin valor: una palabra, un concepto, una ilusión, un halago interesado; el que cambia, por ejemplo, un jugoso bife por un elogio a su generosidad y a su espíritu democrático. El cuervo era un otario. El zorro, un vivo.
Otaria produce más de lo que necesita para vivir. Cada otario consume anualmente 100 kilos de carne, 200 kilos de trigo, 100 litros de leche y 100 kilos de maíz que en parte se transforma en huevos y en carne de ave. El exceso de producción lo trueca por combustible. No nos ocuparemos de este comercio y daremos por sentado que sus valores se equivalen. Los otarios necesitan emprender algunas obras públicas para abrir horizontes a la vida larval en que viven. Sus economistas los han convencido de que deben recurrir al capital extranjero, porque Otaria está huérfana de ellos. Nosotros nos disponemos a cumplir esa misión civilizadora. Para ello es indispensable que efectuemos una pequeña revolución y asumamos el poder. Nunca faltarán otros otarios dispuestos a servir a altos ideales que simbolizamos nosotros y las grandes empresas que nos aprontamos a ejecutar.
La unidad monetaria de aquel simpático país es el otarino. Tiene el mismo valor legal de un peso argentino y se cotiza a la par. Los alimentos y la materia prima de Otaria valen exactamente lo mismo que sus similares argentinos. Para simplificación del ejemplo y de la interpretación usaremos cifras globales. La técnica no se altera por centavo de más o de menos. Quizás nos convenga abrir una institución de crédito en Otaria. Quizás no la necesitemos. Los instrumentos del crédito internacional pueden suplir perfectamente la ausencia de un banco local. Si queremos abrir un banco, nos munimos de una carta de crédito en que el Banco Central de la República Argentina afirme que tiene depositada a nuestra disposición una suma dada, cien millones, por ejemplo, en oro o moneda convertible, o que se responsabiliza de ellos. Eso basta. La carta de crédito del Banco Central de la República Argentina es palabra sagrada en la República de Otaria. Por otra parte, una carta de crédito – digamos una carta de presentación – fue todo el capital inicial que invirtieron en este país los más poderosos bancos extranjeros: el Banco de Londres y América del Sud, el ex Banco Anglo Sudamericano, El First National Bank of Boston y el National City Bank of New York. Nos preocuparemos, eso si, de que la memoria del Banco Central de Otaria diga algo semejante a lo que el Banco Central de la Argentina afirmó en su memoria de 1938, la conveniencia de “transformar las divisas en oro y dejar ese oro depositado en custodia en los grandes centros del exterior ... no sólo por la economía que significa no mover físicamente el metal, sino principalmente por facilitarse de este modo su pronta y libre disposición con el mínimo de repercusiones sicológicas”. Este argumento, que fue convincente para nosotros, puede ser aceptado por los otarios, a quienes nos complacemos en imaginar tan confiados, liberales y democráticos ciudadanos como nosotros. En los Estados Unidos la operación no hubiera podido efectuarse, porque aquellos cow boys son tan desconfiados que hasta 1914 no permitieron el establecimiento de ningún banco extramjero, y, para impedir filtraciones subrepticias, ni siquiera permitían que sus propios bancos tuvieran agencias en el exterior. Con posterioridad, accedieron al establecimiento de sucursales de bancos extranjeros, los que no podían prestar nada más que un dólar más que el capital que genuinamente habían importado desde el exterior. Pero en Otaria son tan liberales como nosotros.
Ya estamos instalados en Otaria y disponemos de un capital virtual – como son todos los capitales – de cien millones de pesos argentinos que respaldan nuestra responsabilidad sin necesidad de salir de esta república. En Otaria vive habitualmente un técnico de gran reputación, el doctor Postbisch, cuyos servicios profesionales nos hemos asegurado con la debida anticipación y cuya consecuencia y lealtad hacia nosotros se acrecienta en la medida en que nos sirve. El doctor Postbisch, tras un breve estudio de una semana, descubre que los otarios estaban viviendo sobre un volcán. Sin darse cuenta atravesaban “la crisis más aguda de su historia”. Los otarios no se habían percatado de ello, primero, porque los otarios estaban muy ocupados en crearse una industria que abriera los cerrados horizontes de la monocultura; segundo, porque habían pagado sus deudas y no debían nada a nadie, con excepción de algunos pequeños saldos comerciales; tercero, porque vivían aceptablemente bien, y cuarto, porque en realidad se trataba de “una crisis oculta” que necesitaba la pericia clínica de Postbisch para ser diagnosticada. Para equilibrar el presupuesto nacional – que se desequilibrará más que nunca, para nivelar la balanza de pagos con el exterior, que daba superávit y dará déficit en adelante – el doctor Postbisch, dotado de poderes ejecutivos tan extraordinarios que envidiaría el mismo Superhombre de las historietas infantiles, decide desvalorizar la moneda de Otaria a la tercera parte de su valor. El otarino, que valía un peso moneda nacional, desciende hasta no valer nada más que treinta y tres centavos de los nuestros. El doctor Postbisch designa a esa operación “corrimiento de los tipos de cambio”. Nuestro capital de cien millones, que permanecía en expectativa en su moneda originaria, se triplica si se lo calcula en otarinos. Los productos de Otaria siguen, como es lógico, cotizándose en otarinos y el alza que el doctor Postbisch les acuerda es tan pequeña que desdeñaremos considerarla, porque de todas formas no varía los resultados en su conjunto. Postbisch, cuya facundia es asombrosa, ha convencido a los otarios de que tanto la desvalorización de su moneda como la estabilización de los precios son indispensables para escapar del vórtice de la espiral inflacionista y que esas medidas deben ser complementadas con la inmovilización de los salarios y de los sueldos. En Otaria, pues, todo queda como antes de la desvalorización, Pero el genio creador de Postbisch se revelará en todo su poder en la multiplicación de nuestro capital. Jesucristo multiplicó los panes. Postbisch multiplicó el dinero extranjero con que se adquieren los panes. Vamos a usar la nueva capacidad adquisitiva de nuestros capitales. Utilizaremos un solo peso, por si acaso nos equivocamos. Ni siquiera en los ejemplos deben arriesgarse los capitales que se confían a nuestra custodia.
En Otaria con un peso argentino se compraba un kilo de carne, que en el mercado interno de Otaria valía un otarino. La desvalorización de la moneda de Otaria, por recomendación de Postbisch, no ha alterado los precios internos. Con un peso argentino virtual se adquieren tres kilos de carne. Si exporto a la República Argentina un kilo de carne, como allí sigue valiendo un peso moneda nacional, con ese kilo de carne saldo la deuda que había contraído en mi país con la apertura del crédito. Me quedan dos kilos de carne que vendo en la misma República de Otaria a un otarino cada uno. Y de esta manera, el capital virtual que había movilizado en el papel se transforma en un fondo real de doscientos millones de otarinos, con el que podemos iniciar la ejecución de grandes obras que son indispensables para la vida de esa república, pero que los otarios no hubieran podido emprender nunca por falta de capitales. La ración diaria de los otarios habrá descendido en un tercio.”
Cómo se adquieren empresas sin capital: En la República Argentina los alemanes, en el decenio de 1930 a 1940, realizaron operaciones en un todo similares a estas que hemos conjeturado en Otaria. En 1930 no tenían prácticamente ni un solo peso invertido en la Argentina. A consecuencia de la guerra de los años 1914-1918 perdieron todas sus inversiones en el exterior. La CADE (compañía alemana de electricidad) pasó a ser británica. Los financistas ingleses afinaron la central en Bélgica, la adscribieron a la Sofina y la denominaron CHADE. Con las restantes propiedades ocurrió lo mismo. Entre 1930 y 1940, sobrevalorizando sus importaciones de Alemania y enancándose en las desvalorizaciones que Gran Bretaña hizo con nuestra moneda, con el patrocinio profesional de los doctores Pinedo y Prebisch, en 1940, los alemanes tenían un capital invertido superior a los 500 millones de pesos argentinos, según las cuentas que en 1946 rinde la Junta de Vigilancia de la Propiedad Enemiga, cuyos valores transcribe el Balance of Payments de las N. Unidas. De análoga ténica de formación fueron asimismo los llamados capitales británicos invertidos en la Argentina, que según la muy retaceada y corta investigación del Banco Central en 1941 sumaban 5.442 millones de pesos moneda nacional, entre los cuales figuraban los ferrocarriles con un capital de 3.323 millones, cuya insignificancia originaria investigué y demostré en mi Historia de los Ferrocarriles Argentinos (recomendado leer). Allí se detalla la forma financiera en que fueron enajenados el Ferrocarril Oeste, para demostrar que su adquisición requirió tan poco movimiento de fondos como las inversiones que nosotros comenzamos a efectuar en Otaria. La nulidad de la inversión originaria, no es inconveniente para que el gobierno provincial le reconozca en 1890 al Western Railway, compañía compradora, un capital invertido de 41 millones de pesos oro. Para demostrar que esa suma es pura imaginación, basta citar una frase del primer presidente de la compañía, transcripta en la primera Memoria del Ferrocarril. Dice Mr. Drabble: “Yo necesito apenas señalar como ejemplos al Ferrocarril del Sur, al Ferrocarril Central del Uruguay y al Ferrocarril Buenos Aires y Rosario para demostrar cómo con una pequeña iniciación cada uno de ellos ha llegado a constituir lo que puedo llamar empresas colosales” El Ferrocarril del Sur tenía en ese momento un capital nominal de 42 millones de pesos. El Buenos Aires y Rosario, uno de 40 millones. Referirse a ellos con esa engolosinada admiración de colosales empresas, e implícitamente referirse a su propio ferrocarril, que debía de tener un capital igual, con la mitidez llena de esperanza de una “pequeña iniciación”, ¿no es una plena prueba psicológica de que el capital de 41 millones del Western Railways era idéntico al capital que invertimos en Otaria? Al ser nacionalizado, en 1948, el Western Railways, F.C. del Oeste, decía haber invertido más de 500 millones de pesos ¡Qué caraduras!!!!!!
Nuestra inversión en Otaria irá creciendo. Es la lógica matemática del capital que se nutre y multiplica por las cías de la renovación, de la amortización y de los réditos capitalizados. Los capitales invertidos serán cada vez mayores. Como los otarios no tienen más medio de pago de valor internacional que los productos naturales de su suelo, para saldar nuestros réditos crecientes deberán consumir cada vez menos y exportar cada vez más (la República de Otaria se parece mucho a la Argentina de ahora, no te parece? Será que estamos llenos de Otarios como vos?) Postbisch les demostrará que ésa es la única forma en que pueden nivelar su balanza de pago. La presión de las exportaciones de los otarios hará descender los precios del mercado internacional y para cubrir una misma suma deberán exportar cantidades sucesivamente crecientes… Los cándidos otarios entorpecidos por el palabrerío de Postbisch y sus discípulos no acabarán de comprender claramente qué demonios es lo que anda mal en la mecánica de su economía. Las aparentes facilidades con que nos desenvolvemos en Otaria no deben adormecer nuestro sentido de previsión. Cometeríamos un error fatal si incurriéramos en esta desidia. Si nos apropiamos de las válvulas de salida y de entrada del comercio exterior, para lo cual adoptaremos las imperceptibles conductas de Bunge y Born y de los frigoríficos establecidos entre nosotros, los productores otarios quedarán tan subordinados a nuestras directivas como si fueran nuestros empleados a sueldo. Si copiamos los estatutos de nuestro Banco Central y le asignamos las mismas atribuciones a la institución que fundemos en Otaria para regular el crédito interno y el valor y los cauces de la moneda, alcanzaremos en esa digna república tanta influencia y predicamento como tienen los extranjeros entre nosotros. Nada digno de consideración se moverá sin nuestro consentimiento dentro de los órdenes financieros y económicos. Cuidaremos el sosiego de los otarios y la paz de sus conciencias, evitando que el periodismo con su malsana nerviosidad los arrastre a establecer malignas comparaciones con otros países. Si no existieran los riesgos de la política, los otarios tendrían, entonces, asegurada la eternidad de la paz del hombre sin camisa a que se refirió Anatole France en uno de sus cuentos. Los otarios no tienen más que una posibilidad de influir en la parte de los negocios públicos que a nosotros nos interesa: es el voto. Con el voto se conquista el poder político. Por lo tanto, para que nuestras estructuras no sean interceptadas ni obstaculizadas en el futuro, hay que adoptar con urgencia dos medidas. La primera es impedir que el poder político tenga jurisdicción legal sobre las instituciones de la economía (desregulación económica) Toda pretensión en ese sentido será rápidamente descalificada como subversión de índole totalitaria y despótica (por el tirano sangriento de Perón). La segunda medida será la de debilitar la capacidad ejecutiva del poder político fragmentándolo, pulverizándolo, diluyéndolo en delegaciones minúsculas. Para ello restableceremos las ya olvidadas autonomías locales. Disminuiremos las facultades del poder ejecutivo y disgregaremos el poder legislativo en pequeños núcleos incoherentes que se elegirán de acuerdo al verdaderamente democrático sistema de elección proporcional. Actuaremos en defensa del federalismo y por el temor de que algún gobernante pueda asumir funciones dictatoriales. Cuando la Constitución de Otaria sea reformada y ajustada a estas líneas matrices se habrán consolidado los fundamentos de perdurabilidad de nuestra incontrarrestable hegemonía. Con nuestra ayuda, los otarios habrán alcanzado a realizar la perfección del país ideal para los inversores de capital extranjero. Cualquier parecido que el mediopelo que lo está leyendo pueda encontrar con los sucesos actuales, es simple casualidad, porque lo que ocurre entre nosotros es distinto.
La economía es un método de auscultación de los pueblos. Ella nos da palabras específicas, experiencias anteriores resumidas, normas de orientación y procedimientos para palpar los órganos de esa entidad viva que se llama sociedad humana. En puridad, la economía se refiere exclusivamente a las cosas materiales de la vida: pesa y mide la producción de alimentos de materia prima, tasa las posibilidades adquisitivas, coteja los niveles de vida y capacidad productiva, enumera y determina los cauces de los intercambios y, en momentos de fatuidad, pretende pronosticar las alternativas futuras de la actividad humana. Pero la economía bien entendida es algo más. En sus síntesis numéricas laten, perfectamente presentes, las influencias más sutiles: las confluentes étnicas, las configuraciones geográficas, las variaciones climatéricas, las características psicológicas y hasta esa casi inasible pulsación que los pueblos tienen en su esperanza cuando menos.
El alma de los pueblos brota de entre sus materialidades, así como el espíritu del hombre se enciende entre las inmundicias de sus vísceras. No hay posibilidad de un espíritu humano incorpóreo. Tampoco hay posibilidad de un espíritu nacional en una colectividad de hombres cuyos lazos económicos no están trenzados en u destino común. Todo hombre humano es el punto final de un fragmento de historia que termina en él, pero es al mismo tiempo una molécula inseparable del organismo económico de que forma parte. Y así enfocada, la economía se confunde con la realidad misma.
Temas para extraviar son todos los de la realidad americana. Esa realidad nos contiene, su calidad condiciona la nuestra. Somos un instante de su tiempo, un segmento de su espacio histórico. Ella delimita constantemente la posibilidad del esfuerzo individual. No podemos ser más inteligentes que nuestro medio sin ser perjudiciales a los que quisiéramos servir y a nosotros mismos. Valemos cuanto vale la realidad que nos circunda.
La realidad se anecdotiza incesantemente en nuestros actos y en nuestros pensamientos sin que la inteligencia americana se preocupe de consignarlos. Solemos referirnos a los pasados de América que se anotaron con trascendencia histórica, solemos hilvanar imaginerías sobre su porvenir, pero el instante vivo en que la historia se confecciona, sólo ha merecido desdén de la inteligencia americana que podía haberlos descrito. Y ésa es una de las grandes traiciones que la inteligencia americana cometió con América.
Cuatro siglos hacen ya que la sangre europea fue injertada en tierra americana. Tres siglos, por lo menos, que hay inteligencias americanas nacidas en América y alimentadas con sentimientos americanos, pero los documentos que narran la intimidad de la vida que esos hombres convivieron no se encontrarán, sino ocasionalmente, por ninguna parte.
Razas enteras fueron exterminadas, las praderas se poblaron. Las selvas vírgenes se explotaron y muchas se talaron criminalmente para siempre. La llamada civilización entró a sangre y fuego o en lentas tropas de carretas cantoras. El aborígen fue sustituído por inmigrantes. ëstos eran hechos enormes, objetivos, claros. La inteligencia americana nada vió, nada oyó, nada supo. Los americanos con facultades escribían tragedias al modo griego o disputaban sobre los exactos términos de las últimas doctrinas europeas. El hecho americano pasaba ignorado para todos. No tenía relatores, menos aún podía tener intérpretes y todavía menos conductores instruídos en los problemas que debían encarar.
Sin un contenido vital, las palabras que en Europa determinan una realidad, en América fueron una entelequia, cuando no una traición. El conocimiento preciso de la realidad fue suplantado por cuerpos de doctrina, parcialmente sabidos, que no habían nacidop en nuestro suelo y dentro e los cuales nuestro medio no calzaba, ni por aptitudes, ni por posibilidades, ni por voluntad. La deliberación de las conveniencias prácticas fue reemplazada por antagonismos tan sin sentido que más parían antagonismos religiosos que políticos o intelectuales. En esas luchas personales o absurdamente doctrinarias se disipó la energía más viva y pura que hubiera podido animar a estasnacientes sociedades.
Los revolucionarios de 1810, por ejemplo, con exclusión de Mariano Moreno, adoptaron sin análisis las doctrinas corrientes en Europa y se adscribieron a un libre cambio suicida. No percibieron siquiera, esta idea tan simple: si España, que era una nación poderosa, recurrió a medidas restrictivas para mantener el dominio comercial del continente ¿cómo se defenderían de los riesgos de la excesiva libretad comercial estas inermes y balbuceantes repúblicas sudamericanas? Pero el manchesterismo estaba en auge y a su adopción ciega se le sacrificó todas las industrias locales.
América no estaba aislada. Fuerzas terriblemente pujantes, astutas y codiciosas nos rodeaban. Ellas sabían amenazar y tentar, intimidar y sobornar, simultáneamente. El imperialismo económico encontró aquí campo franco. Bajo su perniciosa influencia estamos en un marasmo que puede ser letal. Todo lo que nos rodea es falso o irreal. Es falsa la historia que nos enseñaron. Falsas las creencias económicas con que nos imbuyeron. Falsas las perspectivas mundiales que nos presentan y las disyuntivas políticas que nos ofrecen. Irreales las libertades que los textos aseguran. Este libro no es más que un ejemplo de alguna de esas falsías.
Volver a la realidad es el imperativo inexcusable. Para ello es preciso exigirse una virginidad mental a toda costa y una resolución inquebrantable de querer saber exactamente cómo somos. Bajo espejismos tentadores y frases que acarician nuestra vanidad para adormecernos, se oculta la penosa realidad americana. Ella es a veces dolorosa, pero es el único cimiento incorruptible en que pueden fundarse pensamientos sólidos y esperanzas capaces de resistir a las más enervantes tentaciones. Desgraciadamente, es difícil aprehender con seguridad a nuestro país. Hay que darlo por presente en las meras palabras que lo denominan o en los símbolos que lo alegorizan. O ser extremadamente sutil para asir entre lo ajeno y lo corrompido esa materia finísima, impalpable casi e incorruptible que es nuestro espíritu, el espíritu de la muchedumbre argentina: venero único de nuestra probabilidad.
Todo lo material, todo lo venal, transmisible o reproductivo es extranjero o está sometido a la hegemonía financiera extranjera. Extranjeros son los medios de transportes y de movilidad. Extranjeras las organizaciones de comercialización y de industrialización de los productos del país. Extranjeros los productores de energía, las usinas de luz y gas. Bajo el dominio extranjero están los medios internos de cambio, la distribución del crédito, el régimen bancario. Extranjero es una gran parte del capital hipotecario y extranjeros son en increíble proporción los accionistas de las sociedades anónimas.
Hay quienes dicen que es patriótico disimular esa lacra fundamental de la patria, que denunciar esa conformidad monstruosa es difundir el desaliento y corroer la ligazón espiritual de los argentinos, que para subsistir requiere el sostén del optimismo.
Rechazamos ese optimismo como una complicidad más, tramada en contra del país. El disimulo de los males que nos asuelan es una puerta de escape que se abre a una vía que termina en la prevariación, porque ese optimismo falaz oculta un descreimiento que es criminal en los hombres dirigentes: el descreimiento en las reservas intelectuales, morales y espirituales del pueblo argentino.
No es un impulso moral el que anima estas palabras. Es un impulso político. Cuando los Estados Unidos de Norte América se erigieron en nación independiente, Inglaterra, vencida, parecía hundirse en la categoría oscura de una nación de segundo orden, y fue la energía ejemplar de William Pitt la salvadora de su prestigio y de su temple. Decía Pitt: "Examinemos lo que aún nos queda con un coraje viril y resoluto. Los quebrantos de los individuos y de los reinos quedan reparados en más de la mitad cuando se los enfrenta abiertamnete y se los estudia con decidida verdad". Ésa es la norma de este libro.
Cinco principios de cooperación colectiva
Primero: Principio del hombre colectivo, porque la voluntad del número, que es como el apellido de la colectividad, debe tener primacía sobre lo individual. Ni la riqueza ni el ingenio ni la sabiduría tienen derecho a acallar o burlar la grande voz de la necesidad de cada conjunto colectivo, que es la voz que más se aproxima a la voluntad de destino.
Segundo: Principio de la comprensión del hombre, para que esta unidad compleja esté siempre presente con sus necesidades biológicas, morales, intelectuales y espirituales y no se sacrifique jamás la realidad humana a una norma abstracta o un esquema desprovisto de vida.
Tercero: Principio de protección al más débil, para que se elimine la ley de la selva y se establezca una verdadera posibilidad de igualdad. Todo lo que no se legisla, se legisla implícitamente a favor del fuerte. La igualdad teórica es una desigualdad práctica a favor del poderoso.
Cuarto: Principio de la comunidad de la riqueza natural, porque la propiedad es una delegación de la fuerza de la organización colectiva que la hizo posible y la mantiene.
Quinto: Principio de la utilidad colectiva del provecho, para que nadie tenga derecho a obtener beneficios de actividades perjudiciales o inútiles para la sociedad y por tanto toda ganancia o lucro del ingenio ajeno o de la retención infructuosa de un bien, debe ser considerados nulos e ilícitos en la parte que no provienen del trabajo o del ingenio propio.